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Bernardo Villar

|

Flujos comunicativos cotidianos como experiencia artística.

230

231

ta radical e innovadora en el uso de este medio

para la acción artística

,

donde en la búsqueda

por desmontar las fórmulas impuestas de crea-

ción de identidad y de la castración de las posibi-

lidades políticas

,

se intenta una reconfiguración

de lo sensible.

Intimidad

acaba por convertirse

en una conciencia crítica frente a lo que es im-

puesto y a lo que mantenemos vigente como si

fuese lo apropiado o lo correcto. Todo ello me-

diante una sencilla acción

,

la cual podríamos ca-

lificar

,

sin duda

,

de arte

2

.

0

.

De todos los artistas que hemos citado aquí

podríamos decir lo que señalaba McLuhan

(

2009

)

,

que “(…) el artista capta el mensaje del de-

safío cultural y tecnológico décadas antes de que

se produzca su impacto transformador

,

pero no

por ser un adelantado a su tiempo

,

sino porque

es consciente del presente” (p.

93

).

Para que la sociedad de la información se

convierta en una sociedad ideal

,

de toma

de decisiones voluntarias y para evitar ese

temible Estado que anticipó Orwell

,

depen-

demos de la forma de administración que

se adopte para la producción de informa-

ción (Masuda

,

1984,

p.

102

).

¿Y entonces qué conclusiones podríamos sacar

de todo esto? ¿Cuáles serán definitivamente las

repercusiones del uso de estas nuevas tecnolo-

gías? ¿Qué papel tendrá el arte? ¿Y la política?

¿Aumentará el control social por parte de los

concentradores de información o por el contra-

rio el carácter agencial del individuo con una

identidad política en red? ¿Será como dice Ma-

suda (

1984

)

,

una oportunidad la “rebaja” de la

privacidad para un giro hacia lo político

,

o sea

hacia una democracia participativa? ¿O tal vez

todo evolucionará hacia una sociedad de control

más individualista ymenos democrática? ¿Dón-

de están las claves para que la tecnología de la

información nos ayude en nuestra identidad y

en lo social? ¿Por qué redes sociales

2

.

0

privadas

y no públicas? ¿Dónde está la trampa? ¿Socializa-

remos realmente el

2

.

0

para ser individuos libres

y fortalecer así la democracia o en un intento por

conservar la privacidad nos convertiremos

,

por

el contrario

,

en esclavos

,

falsamente anónimos

,

para los nuevos detentadores de la información

y por tanto del poder? Indagar

,

reflexionar e in-

tentar resolver estas preguntas

,

sin duda

,

es la

tarea política de nuestra época