María José Casasbuenas Ortiz
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Maldito “feisbú”.
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En la tipología que hace Joan Fontcuberta (
2010
b)
sobre los reflectogramas
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en la red
,
este autor
considera como políticos aquellos que:
Conlleva[n] una expresión de libertad que
debe leerse en clave antisistema: contra
el protocolo social
,
contra el decoro
,
en
fin
,
contra la moral burguesa y la norma
religiosa. Fundir lo “decente” con lo “in-
decente”
,
cruzar el umbral de lo tolerable
,
equivale a un lance de provocación con los
poderes reguladores de la intimidad. (Pági-
na no referida pues no existe numeración
en el catálogo).
Aunque Fontcuberta hace explícito el hecho de
que en los reflectogramas se combinan y articu-
lan las categorías que propone para su clasifica-
ción
,
esta a mi modo de ver
,
es ambigua
,
ya que
en algunos casos parte de cuándo se realizan los
reflectogramas (celebratorios)
,
en otros para qué
sirven (como por ejemplo utilitarios
,
seductores)
,
pero sobre todo
,
parte de aquello que represen-
tan y cómo lo representan
,
es decir
,
de lo que la
fotografía muestra (de ahí que pueda proponer
también categorías diferenciales entre lo erótico
y lo pornográfico). Empero
,
para mí y para los
efectos de este análisis
,
la dimensión política de
las imágenes está vinculada al desarrollo que
hace Jacques Rancière en
La partición de lo sen-
sible
(
2009
) a partir de su interés por replantear
la relación entre la estética y la política. Aunque
estas reflexiones se refieren a la constitución de
lo político en el arte
,
y las fotografías puestas a
circular en Facebook no se inscriben necesaria-
mente en este campo
,
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las considero pertinentes
y enriquecedoras para esta reflexión.
Primero
,
para Rancière
,
lo político en el arte no
hace referencia a las temáticas que abordan las
producciones artísticas –que muestra la obra–
,
ni está determinado por las técnicas que se uti-
licen o los géneros en los que se inscriba –como
lomuestra–. Lo político tampoco estaría relacio-
nado con el hecho de que su producción esté ads-
crita a unmovimiento ideológico o a un régimen
político particular –en esa medida
,
y siguiendo
a Rancière no todas las imágenes realizadas por
mujeres feministas por ejemplo tendrían de en-
trada una dimensión política–. La política para
Rancière es una forma de experiencia que “trata
de lo que vemos y podemos decir al respecto
,
sobre quién tienen la competencia para ver y la
cualidad para decir
,
sobre las propiedades de los
espacios y los posibles del tiempo” (
2009,
p.
10
) y
por ello
,
este autor señala que en la configura-
ción misma del campo del arte y de su autono-
mía
,
ya existe un componente político –al igual
que en la división de lo público y lo privado–
,
dado que el arte entendido como una “forma de
hacer” reorganizó y reconfiguró otras formas del
hacer (las artes en el sentido platónico)
,
su rela-
ción con las formas de ser y su visibilidad y por
lo tanto
,
efectuó una intervención en el reparto
de lo sensible
,
es decir en:
[…] ese sistema de evidencias sensibles que
al mismo tiempo hace visible la existencia
de un común y los recortes que allí definen
los lugares y las partes respectivas. Un re-
parto de lo sensible fija entonces
,
al mismo
tiempo un común repartido y unas partes
exclusivas. Esta repartición de partes y
lugares se funda en un reparto de los espa-
cios
,
de tiempos y de formas de actividad




