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Historia[s] y mediaciones estéticas

Tener la posibilidad de contar las propias

historias

,

independientemente de las maneras

de ser relatadas

,

es un logro en la democratiza-

ción de la imagen y en las formas de ver

,

pero

también es un cambio en la forma de pensar al

otro

,

a la construcción de su entorno y su ima-

gen misma. Es tratar de enfrentar el prejui-

cio de la fotografía desde la mirada ilustrada o

academicista

,

desde el arte como una manifes-

tación de clases

,

de la elite culta y artística que

sabe pensar en imágenes

,

y no para el “lumpen”

que accede a una cámara para contar lo que no

sabe… pero

,

¿qué se debe saber? ¿Desde dónde se

piensa el conocimiento

,

desde la construcción

canónica y decimonónica de la imagen? ¿Se

debe saber qué es la proporción áurea o quién

fue Henri Cartier-Bresson oManuel Álvarez Bra-

vo? ¿No conocer sobre fotografía o historia es

imposibilidad para pensar en imágenes? ¿O no

puede disponerse una reflexión visual alejada

de los hegemónicos círculos académicos? ¿Por

qué es menos válida la foto improvisada que la

foto pensada desde unas formas convenciona-

les? ¿Cuál es el valor simbólico que le damos a la

foto? ¿Quien no tiene las credenciales académi-

cas necesarias para hacer fotos

,

para pensar en

imágenes

,

o para hacer arte queda excluido de

los espacios de circulación artísticos? Estos inte-

rrogantes

,

más que para ser resueltos

,

son para

reflexionar sobre la condición contemporánea

de la imagen

,

sobre quiénes las producen y quié-

nes tienen el poder para su exhibición y circula-

ción. Como decía Roland Barthes: “En el fondo

la fotografía es subversiva

,

y no cuando asusta

,

trastorna o incluso estigmatiza

,

sino cuando es

pensativa” (

1989,

p.

73

).

La fotografía tiene un fuerte componente de

autor

,

herencia de la pintura. El espectador fija

lamirada en las personas reconocidas dentro de

la foto (

Star system

) pero esa foto adquiere unma-

yor valor simbólico cuando su autor también tie-

ne un alto reconocimiento social. Muchas veces

se presta más atención en la forma que al con-

tenido o al relato de la imagen. Actualmente se

promueven discusiones sobre la veracidad de las

fotos y su fidelidad con la realidad

,

pero se deja

en un segundo plano a quienes están siendo re-

presentados. Un ejemplo de esto fue la discusión

que suscitó la foto ganadora delWorld Press Pho-

to

2013,

titulada “Entierro en Gaza” del fotógrafo

Holandés Paul Hansen;

1

donde aparece pasando

por un callejón una marcha fúnebre con los fa-

miliares de dos niñosmuertos llevados en brazos

a causa de un bombardeo israelí. Toda la discu-

sión sobre la imagen se centró en el retoque de

la fotografía

,

en los niveles de iluminación

,

en la

ubicación de las personas y en la excesiva “per-

fección” de la imagen que incluyó análisis foren-

se para confirmar su veracidad. Se propusieron

cientos de debates sobre el fotoperiodismo y la

excesiva intervención que le hacen a las imáge-

nes en computador

,

pero se dejó a un lado el tema

central de la imagen

,

que era el terrible conflicto

en la franja de Gaza

,

donde el pueblo palestino

lleva décadas sumando víctimas inocentes en el

conflicto con Israel. Y para esto es precisamente

la fotografía

,

para relatar esas historias ocultas

que por otros medios sería difícil conocer.

Precisamente esa fijación en el artista y no

en la historia contada o los personajes en men-

ción hace que otros discursos desde lo visual

,

re-

latados por personas del común

,

se vean como