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Camilo Zambrano Proaños

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De lo sacro a lo profano

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Introducción

Somos hijos de nuestro tiempo y el mundo con-

temporáneo ha traído consigo nuevas formas de

representación y de comunicación que han cam-

biado el discurso visual. Actualmente es cada

vez más común que las reflexiones y debates en

torno a la fotografía estén inundados de referen-

cias hacia las redes sociales y otrosmedios de co-

municación por medio de los cuales se difunden

millones de fotografías al día: Facebook

,

Twitter

,

Instagram

,

Flickr

,

Tumblr

,

y otras tantas donde

se comparten imágenes desde lo más cotidiano

hasta lo más extraordinario. En este momento

,

donde la historia no es escrita por unos pocos

,

sino que todas las personas tienen la posibilidad

de hacer y contar su parte de la historia en blogs

,

páginas ymedios de comunicación alternativos

,

se debate sobre la calidad y la condición de “arte”

de esas imágenes que nos llegan día a día. Los

portadores de la palabra que hablan desde el aca-

demicismo

,

banalizan estas prácticas que cada

vez más se difunden a través de la web para con-

tarnos esas historias en imágenes por fuera de

los circuitos cerrados y espacios de circulación

tradicionales. Ahora no encontramos galerías

solamente en salones cerrados con temperatura

ambiente resguardados de la intemperie

,

sino

las vemos cada vez más reproducidas en los mu-

ros del espacio público con otro tipo de relatos

,

así como en internet

,

donde se forman redes de

artistas para autogestionar sus propias exposi-

ciones. Esos lugares de la periferia son mucho

más accesibles a los ciudadanos de a pie

,

esos

que no tienen cabida dentro de los espacios de

circulación ni entre quienes son los portadores

de la palabra

,

de los críticos que tienen todos los

argumentos para relegar a una condición trivial

los nuevos discursos visuales.

Pero no es nuevo que estos discursos sean

sancionados por ciertas esferas que los conside-

ran como la pauperización de la fotografía

,

cada

vez vista menos como expresión artística y más

como expresión banal de la cotidianidad. Contar

la vida diaria en imágenes no se considera arte

,

todo lo contrario

,

hay innumerables cruzadas

abanderadas por los más ilustrados sancionan-

do estas prácticas; “ahora todo el mundo se cree

fotógrafo”

,

rezan los encabezados que tratan de

condenar esta práctica social que

,

entre otras co-

sas

,

registra diariamente más de seis millones de

fotografías subidas a Instagram

,

por nombrar

solo una de tantas redes sociales. Ser “artista” pa-

rece sermás una cuestión de pertenecer a ciertos

circuitos y esferas sociales

,

que practicar una ex-

presión sensible y una forma de comunicación

diferente dentro de la sociedad.

Las preguntas de moda que incomodan to-

dos los espacios de circulación artísticos

,

y que

rondan en el aire de cuanta galería

,

exposición

o feria que presenta a sus más destacados repre-

sentantes

,

son: ¿esto es arte?

,

¿en el arte contem-

poráneo todo vale?

,

¿cuál es el límite entre lo que

se considera arte y lo que no?

,

¿el arte lo es en

la medida en que es expuesto en una galería?

,

¿quién lo valida

,

quién lo objeta? Eventualmen-

te estas inquietudes son resueltas por quienes

ejercen control en la escena artística (galeristas

,

críticos

,

periodistas culturales) y todos aquellos

que tienen el poder de la palabra o de incidir en

quien cree tener los suficientes méritos para en-

trar al selecto círculo y hacer parte de los esqui-