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Historia[s] y mediaciones estéticas

vos espacios hegemónicos de circulación. Pero

,

además de eso

,

hoy en día la obra parece no es-

tar completa sin un discurso que la contextualice

y legitime

,

que evidencie su carácter académico

,

que le otorgue estatus sobre otro tipo demanifes-

taciones similares carentes de ese valor reflexivo

que produce un discurso oral o escrito. Con esto

podría pensarse que unamanifestación artística

sin discurso pierde su carácter de “obra de arte”

en el mundo contemporáneo. Ese valor se lo da

tanto el creador

,

como las instituciones que ejer-

cen el poder sobre la producción y distribución

artística. De igual forma

,

el mismo discurso fun-

ciona a la inversa

,

como lugar de negación para

mantener el

status quo

y señalar lo que no puede

hacer parte de la esfera pública

,

considerando

down art

lo que se quiere dejar en la periferia.

Actualmente asistimos a un cambio en la con-

dición social de la imagen

,

cambio que sigue te-

niendo oposición por quienes perseveran en el

discurso canonizador de la fotografía como ma-

nifestación de una sensibilidad sobrenatural

,

posible solamente por unos pocos privilegiados

,

pero ahora

,

su profanación es otorgada

,

entre

otras cosas

,

por la masificación de los artefactos

fotográficos que llenan con imágenes nuevas

formas de escribir las realidades.

La escritura en el tiempo

Pensar que las sanciones frente a las prácticas

fotográficas actuales se deben solamente a la

masificación del artefacto

,

sería pensar que toda

la discusión gira en torno a la industrialización

que produjo el abaratamiento de las cámaras

fotográficas y su consecuente reproducción. No

,

las sanciones sonmotivadas por un prejuicio en

contra de lo nuevo

,

en contra de modelos dis-

cursivos desconocidos consecuencia del temor

a perder el poder de contar “la historia”. Esa

lucha por la reivindicación de lo conocido

,

de

mantener las cosas como están

,

no es otra cosa

que legitimar formas de control sobre las socie-

dades

,

manteniendo el poder de la palabra y de

las imágenes. La reproducción de los artefactos

da la posibilidad a las personas de contar sus

propias historias

,

es democratizar los discursos

,

y eso es lo que incomoda a quienes siempre han

poseído la palabra.

Ese malestar por lo nuevo no tiene que ver

solamente con los procesos de industrialización

modernos

,

sino con otros campos del saber y del

poder. Remontémonos un par de milenios atrás.

A la invenciónde la escritura –que ahora conside-

ramos fundamental para la construcción y tras-

misión del conocimiento–

,

se opusieron radical-

mente los intelectuales de la época: “Los filósofos

antiguos desdeñaban la escritura como inmovili-

zadora del pensamiento vivo y la palabra fluyen-

te. Y repudiaban las primeras bibliotecas como

embrutecedoras de las gentes

,

que podían así

aprovecharse de la sabiduría ajena

,

sin necesidad

de crearla” (Villegas

, 1959,

p.

23

). La repulsión por

la escritura no era otra cosa que temor a reprodu-

cir el pensamiento

,

puesto que

poseer

el conoci-

miento era privilegio de unos pocos para mante-

ner el control sobre las sociedades. Los grandes

pensadores de la antigüedad tenían considera-

ciones sobre la escritura que en estos tiempos

sería insensato

,

negar a la escritura la posibi-

lidad de transmitir los saberes entre las perso-

nas. Lo mismo sucedió en el siglo

xvi

cuando