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José Ramón Alcalá Mellado

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Del arte digital al arte de lo digital.

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dispositivo medial de los conceptos de su época

,

y que

,

en este actualizado estudio

,

que presupo-

ne superada la primera etapa del debate sobre

la propia existencia y legitimidad de “lo digital”

como objeto de estudio en particular

,

no se puede

permitir pasar por alto. Concluyendo

,

por tanto

,

que el nativo digital no se corresponde con nadie

en particular

,

sino con los nacidos en una época

en la que

,

además de darse “lo digital”

,

ocurrie-

ron otras cosas nuevas

,

y se asimilaron otras del

pasado

,

como inevitablemente ha ocurrido a lo

largo de la historia. Ahora que ya tenemos una

cierta perspectiva sobre lo ocurrido y que cono-

cemos lo que los jóvenes artistas anuncian que

ocurrirá

,

estamos en mejores condiciones para

reflexionar sobre las verdaderas referencias

,

hitos y novedades que esta era –digital– nos ha

aportado

,

para seguir creando imaginarios yma-

neras de explicar el mundo y para relativizar –o

no– la aparición de lo digital

,

en relación a otras

técnicas

,

procesos para representar y entender el

mundo en estos últimos cincuenta años.

Una vez aclarado estos importantes y necesa-

rios aspectos preliminares

,

estamos ya en condi-

ciones de abordar más centradamente la situa-

ción de “lo digital” en el contexto de las prácti-

cas artísticas actuales. Para ello deseo partir de

la consideración y el análisis de una tendencia

que

,

como profesor en la Facultad de Bellas Ar-

tes de Cuenca (España) –pionera en la introduc-

ción de lo digital en los planes de estudio de las

enseñanzas artísticas superiores– vengo obser-

vando a lo largo de estas últimas dos décadas y

que en principio nos puede resultar paradójica:

la manera progresiva y siempre en dirección ha-

cia lo analógico

,

por la que mis alumnos –corres-

pondientes naturales al término “nativo digital”–

tienden a prescindir cada vez más de “lo digital”

en sus creaciones artísticas. De forma progresiva

,

los distintos dispositivos de esta naturaleza van

quedando relegados al territorio que definiría-

mos como perteneciente a “su tiempo de ocio”.

Territorio que procuran no mezclar con lo que

para ellos es el proceso de profesionalización de

la vida artística

,

de la que confían participar en

plenitud al terminar su actual fase formativa. Pa-

rece que –quizá por ser ahora cotidiano

,

o domés-

tico– el acabado digital no tiene interés para ellos

cuando de lo que se trata es de hablar de aquello

que no se puede explicar con palabras

,

y que para

ellos exige el uso de los medios “plásticos” tradi-

cionales. Esta es

,

sin duda tan solo una anécdo-

ta

,

pero que revela algo más profundo

,

algo que

parece estar debajo de la superficie

,

como si esta

tendencia de regreso a lo analógico y de descon-

sideración de lo digital como algo explícitamente

artístico fuese tan solo la punta de un iceberg. En

mi caso particular

,

procuro no pasarla por alto y

trato de ser y de hacerles conscientes de que

,

en

términos históricos

,

esta situación es peculiar y

debe de ser tenida en consideración.

Así pues

,

la situación actual se complica. Ya

no existe

,

o al menos

,

no podemos hablar en pro-

piedad

,

de un arte digital como tendencia o van-

guardia. Lo digital ya no es diferenciador ni pe-

culiar. Todo arte

,

como hemos aseverado

,

es hoy

profunda e inconscientemente digital. Digital

,

como ya hemos comprendido a lo largo de estos

cincuenta años de su existencia

,

es en esencia y

por tanto no puede renunciar a ser

,

interactivo

,

multimedia

,

a funcionar de forma discontinua

en la línea temporal

,

a ser descrito bajo la condi-