Bernardo Villar
|
Flujos comunicativos cotidianos como experiencia artística.
222
223
en el
Cuarto propio conectado
(Zafra
, 2010
) donde
identidad y subjetividad
,
entran ya en dialéctica
a través de la tecnología de la comunicación y la
representación. En esta sociedad de la conexión
continua y su consecuente implosión temporal
,
el afuera está adentro y el adentro afuera
,
redu-
ciendo mediante esta dinámica el espacio para
,
tal vez
,
un sano desarrollo del yo y una posición
crítica ante la realidad. Una tecnología
2
.
0,
que
viene a dominar el universo simbólico de los in-
dividuos para dar un resultado tanto en lo perso-
nal como en lo social.
La interacción ha perdido su
aura
,
su
aquí y
ahora
. De la experiencia mediada
,
progresiva-
mente desde el lenguaje a la prensa pasando por
la radio y la televisión
,
a la experiencia basada
en la interacción cotidiana hipermediada por los
sistemas informáticos que nos ofrecen las cor-
poraciones privadas de la industria de la infor-
mación y la comunicación. El
2
.
0
se convierte en-
tonces en condicionante por excelencia para la
construcción identitaria y social
,
marcando las
posibilidades de lo que podemos o debemos ser y
de lo que será la sociedad en un futuro.
Parecía acertar Brea (
2008
) cuando nos ha-
blaba de la importancia en la actualidad de las
fábricas de identidad
,
refiriéndose al fenómeno
de las industrias de la subjetividad
,
a los dispo-
sitivos de construcción de la experiencia y de la
representación de la vida de uno. Hoy la vida se
puede vivir desde el dispositivo
,
acariciando el
tiempo del acontecimiento
,
vivirla para mos-
trarla
,
y así dar con el producto de nuestra sub-
jetividad en la relación con los otros para crear
identidad
.
Parece que en estos tiempos
,
vivir una
experiencia y no poder mostrarla públicamente
careciera de sentido. Parece que se ha dado paso
a un: solo merece la pena ser vivido lo que pue-
da ser representando
.
Brea (
2008
) apunta que “(…)
la biografía propia
,
es en efecto el valor más en
alza en el mundo contemporáneo
,
el producto
mejor vendido y por cierto el quemás escasea en
los tiempos del capitalismo globalizado” (p.
146
).
También Boris Groys (
2008
) hace hincapié en ello
cuando se refiere a los procesos de auto-diseño
en la cotidianidad a través de las plataformas
2
.
0
.
Hoy en día
,
todos están sujetos a una eva-
luación estética –se requiere de todos to-
mar la responsabilidad estética de sus apa-
riencias en el mundo
,
de su auto-diseño–.
Donde fue una vez privilegio y carga para
unos cuantos elegidos
,
en nuestra época el
auto-diseño se ha convertido en la práctica
cultural de masas por excelencia. El espacio
virtual de internet es primordialmente una
zona en la cual mi página en Facebook está
permanentemente diseñada y rediseñada
para ser presentada en YouTube
,
y vicever-
sa. Pero de la misma manera en el mundo
real –o
,
digamos
,
análogo– se espera que
uno sea responsable de la imagen que pre-
sentamos a la mirada del otro. Incluso po-
dría decirse que el auto-diseño es una prác-
tica que une al artista y al público por igual
de la manera más radical: aunque no todos
producen obras de arte
,
todo mundo
es
una
obra de arte. Al mismo tiempo
,
se espera
que todos sean sus propios autores. (sr)
Sin duda hoy
,
este es el régimen escópico de la
época. Desde la fenomenología sociológica
,
Ber-
ger y Luckmann (
1968
)
,
herederos de la visión




