María José Casasbuenas Ortiz
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Maldito “feisbú”.
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Las fotografías elaboradas en el campo de la pro-
ducción tecnocientífica del siglo
xix
,
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surgidas
de una mirada controladora y disciplinadora
,
funcionaron como documentos que harían visi-
bles y por lo tanto
,
servirían de prueba objetiva
de las diferencias raciales y de morfologías ana-
tómicas
,
que determinarían las variaciones de
carácter psicológico y sobre todo
,
de índolemoral
,
justificando así la supuesta inferioridad y la falta
de civilización del “otro” ante la mirada del es-
pectador
,
del colonizador. Estas imágenes serían
de gran utilidad para el ejercicio de medir
,
com-
parar
,
definir y categorizar los cuerpos
,
ejercicio
que desarrollarían de manera sistemática tanto
los antropólogos como los fisiólogos de la época.
De igual forma
,
la popularización y masifi-
cación de la imagen fotográfica a partir de la se-
gundamitad del siglo
xix
y su amplia utilización
en el marco de la producción científica
,
coincide
con la emergencia de la sexualidad y los discur-
sos reguladores de los cuerpos
,
particularmen-
te enfocados en el control de las conductas re-
productivas
,
la psicologización de las mujeres
y la patologización de las desviaciones como la
masturbación y la homosexualidad que se en-
marcaron en un ejercicio biopolítico como lo ha
evidenciado Foucault (
1991
). Estos discursos de
carácter disciplinario estuvieron estrechamen-
te relacionados con la institucionalización del
sistema sexo-género heterocentrado
,
el cual es-
tablece una concordancia entre sexo
,
género
,
se-
xualidad y deseo
,
a partir de la dicotomía hom-
bre/mujer
,
indispensable para el establecimien-
to y desarrollo del capitalismo.
En este sentido
,
Beatriz Preciado (
2008
) re-
salta cómo la fotografía de finales del siglo
xix
tuvo un papel preponderante “para la produc-
ción del nuevo sujeto sexual y su verdad visual”
(p.
87
) y para el establecimiento de los códigos
visuales que operarán en los protocolos médi-
cos para la asignación del sexo en el momento
del nacimiento. Por ello
,
Preciado propondrá la
categoría de tecnogénero para dar cuenta “del
conjunto de técnicas fotográficas
,
biotecnológi-
cas
,
farmacológicas o cibernéticas que constitu-
yen performativamente la materialidad de los
sexos” (p.
86
). Empero
,
esta autora pone demani-
fiesto que los discursos relacionados con el ejer-
cicio biopolítico del poder ya no son suficientes
para explicar cómo se produce el valor
,
la vida
y la subjetividad en la actualidad
,
y resalta que
,
con la transformación del capitalismo
,
particu-
larmente luego de la Segunda Guerra Mundial
,
el ejercicio biopolítico sobre el sexo se llevará a
cabo por medio de nuevas dinámicas del tecno-
capitalismo avanzado.
En este contexto
,
la producción de la subje-
tividad estará estrechamente relacionada con
un conjunto de nuevas tecnologías del cuerpo
y del sexo –de carácter farmacológico– así como
tecnologías de representación –la fotografía y el
cine–
,
que participarán activamente en la expe-
riencia cotidiana de los individuos. Esta autora
afirma que: “Lo propio de estas nuevas tecnolo-
gías blandas de microcontrol es tomar la forma
del cuerpo
,
hasta volverse inseparables e indis-
tinguibles de él
,
devenir subjetividad” (p.
67
). En
consecuencia
,
entendemos a la fotografía como
una de las
tecnologías del género
(De Lauretis
,
1989
) el cual es concebido como “el proceso y el
producto de un conjunto de tecnologías sociales
,
de aparatos tecno-sociales o bio-médicos” (p.
8
).




