María José Casasbuenas Ortiz
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Maldito “feisbú”.
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los elementos comunes a algunos sujetos
,
pero no necesariamente inherentes a todos
los seres humanos. Esta perspectiva con-
templa aquellos elementos de la subjetivi-
dad que son claramente culturales
,
frutos
de ciertas presiones y fuerzas históricas en
las cuales intervienen vectores políticos
,
económicos y sociales que impulsan ciertas
formas de ser y de estar en el mundo (Sibi-
lia
, 2009,
pp.
20
-
21
).
Es desde este enfoque que se ha desarrollado
esta investigación
,
teniendo en cuenta que las
subjetividades contemporáneas están marca-
das por la tensión entre el placer de mirar y el
placer de ser visto
,
pero condicionadas por los
contextos en los que la experiencia de la ima-
gen se produce. Es por ello que este trabajo no
pretende dar cuenta de rasgos universales
,
sino
de posibilidades singulares que ofrecen ciertas
experiencias de y con las nuevas tecnologías en
las que interviene la imagen
,
cómo ellas afectan
la producción de subjetividad y pueden
,
even-
tualmente
,
agenciar transformaciones en la vida
material de las personas.
Finalmente
,
este trabajo apuesta por un
co-
nocimiento situado
(Haraway
, 1995
)
,
es decir
,
que
parte de la conciencia de que el sujeto que cono-
ce –la investigadora
,
en este caso– tiene una po-
sición particular en el mundo condicionada por
unas formas de la experiencia singulares
,
por lo
cual
,
solo puede producir unas interpretaciones
parciales y localizadas de los fenómenos y de la
realidad. Asimismo
,
esta propuesta
,
más que un
ejercicio de reflexión
,
intenta constituirse en
una
práctica de difracción
,
es decir
,
una práctica
motivada por “la producción de diseños diferen-
tes
,
no de lo mismo reflejado –desplazado– en
otro lugar” (Haraway
, 2004
p.
303
).
La imagen como presencia
El lugar protagónico de la imagen en las socieda-
des contemporáneas ha sido ampliamente abor-
dado desde diferentes enfoques. Un ejemplo de
ello es la propuesta posmarxista de Guy Debord
(
2000
)
,
quien subraya que “el espectáculo no es
simplemente un conjunto de imágenes
,
sino una
relaciónsocial entre laspersonasmediatizadaspor
las imágenes” (Cap.
1
. Aparte
4
)
,
o lade JeanBaudri-
llard (
1978, 2000
)
,
quien propone desde la filosofía
posestructuralista que el simulacro conforma la
nueva naturaleza de la realidad social y en ella
,
la
imagense constituye comounelementocentral en
el juegode las apariencias. Empero considero que
,
como lo subraya W. J. T. Mitchell (
2009
)
,
aunque
muchos han coincidido en reconocer la especta-
cularización de la experiencia social o el carácter
disciplinario y de control de nuestras sociedades
,
resulta importante interrogarse por la imagen en
sí
,
profundizar en “qué son las imágenes
,
cuál es
su relación con el lenguaje y cómo operan sobre
los observadores y sobre el mundo
,
cómo se debe
entender suhistoriayqué sedebehacer conoacer-
ca de ellas” (p.
21
) para poder efectuar una crítica
productiva de la cultura visual
,
y así
,
evidenciar y
potencializar el carácter político y transformador
que ellas pueden tener en la actualidad.
En el caso de la imagen fotográfica
,
son diver-
sos los estudios desarrollados sobre estas repre-
sentaciones y sus especificidades en el universo
de los signos visuales
,
su carácter indicial
,
su re-




