Capítulos de investigación
configuración de subjetividades históricamente
situadas
,
con la intención de explorar no sola-
mente la construcción social de la visualidad
,
sino indagar también sobre “la construcción
visual del campo social” (Mitchell
, 2003,
p.
28
).
Otra de las coordenadas importantes para
este trabajo que está estrechamente vinculada
con su dimensión política
,
es mi posición alinea-
da en el pensamiento feminista
,
nutrida por pers-
pectivas críticas entre las que resalto el feminis-
mo lésbico y de frontera (Wittig
, 2006
; Anzuladúa
,
1999
)
,
el ciber y tecnofeminismo (Wacjman
, 2006
;
Zafra
, 2010, 2011, 2014
)
,
al igual que la teoría
queer
(Butler
,
2002,
2007
; Preciado
,
2008
). Desde estas
perspectivas
,
el lugar de la experiencia vivida de
los sujetos ha sido central y resulta fundamental
en relación con la producción de subjetividades.
La experiencia –la mía como la de las perso-
nas con quienes dialogué a lo largo de esta in-
vestigación– más que una categoría “inocente”
,
remite a la imbricación de dimensiones sociales
y personales
,
históricamente variables como lo
evidencian las reflexiones de Joan Scott (
2012
).
En esa medida
,
y siguiendo a esta autora no se
asume la experiencia “como evidencia incontro-
vertible y punto originario de la explicación” (p.
47
)
,
sino que por el contrario
,
partimos del hecho
de que “no son los individuos que tienen la expe-
riencia
,
sino los sujetos los que son constituidos
por medio de la experiencia” (p.
49
)
,
en este caso
,
en relación con el gesto de fotografiarse
,
auto-
rrepresentarse y poner a circular estas imáge-
nes mediante los perfiles de las redes sociales
virtuales. En sintonía con la propuesta de Scott
,
De Lauretis (
1992
) en los análisis que desarrolla
sobre el cine
,
define la experiencia como el “pro-
ceso por el cual se construye la subjetividad de
los seres sociales” (p.
253
) y por consiguiente
,
sos-
tiene que “la subjetividad es un trabajo continuo
,
no un punto de partida o de llegada fijo desde
donde se interactúa con el mundo”.
Por ello
,
quiero hacer hincapié en que me in-
teresa abordar la subjetividad entendida como
“formas de ser y de estar en el mundo
,
lejos de
toda esencia fija y estable que remita al ser hu-
mano como una entidad ahistórica de relieves
metafísicos” (Sibilia
,
2009,
p.
20
) y en esa medi-
da
,
parto del hecho de que las subjetividades
son flexibles
,
móviles y cambiantes
,
según las
formaciones históricas y contextos culturales
en los que ellas emergen. Paula Sibilia (
2009
) en
su estudio sobre las subjetividades contemporá-
neas propone tres dimensiones o perspectivas
para entender la subjetividad y los sentidos de
las nuevas prácticas que están intrínsecamen-
te conectadas y potencializadas por los medios
de comunicación masivos y el auge de las nue-
vas tecnologías de la información. La primera
perspectiva remite a la construcción singular
del sujeto teniendo en cuenta su trayectoria in-
dividual
,
perspectiva que ha dominado los enfo-
ques en el campo de la psicología. En el extremo
opuesto se ubicaría la dimensión universal de la
subjetividad
,
que engloba tanto la incidencia de
prácticas del lenguaje como su inscripción cor-
poral
,
características comunes a la experiencia
humana como lo ha estudiado la lingüística. Un
nivel intermedio sería el que emerge en una di-
mensión particular y específica
,
ubicada en la
tensión que está:
Entre los niveles singular y universal de la
experiencia subjetiva
,
que busca detectar




