María José Casasbuenas Ortiz
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Maldito “feisbú”.
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La imagen como performance
Concebir la imagen desde su condición de
pre-
sencia
hace que emerja su dimensión performa-
tiva. Abordar la imagen desde su carácter perfor-
mativo está estrechamente vinculado al interés
por entender no lo que dicen las imágenes
,
sino
lo que “hacen” y “cómo” lo hacen. La performan-
ce
,
surgida en el mundo de las artes visuales y
escénicas
,
hace referencia a las formas expre-
sivas que tiene el cuerpo como soporte de las
acciones comunicativas. Será John Austin (
1990
)
quien introduzca la dimensión performativa en
los estudios del lenguaje y del habla al proponer
que los
actos del habla
son enunciados que gene-
ran una acción transformadora y por lo tanto
,
tienen un poder instituyente. Posteriormente
,
los aportes de Víctor Turner (
1986
)
,
Richard Sche-
chner (
2000
)
,
Judith Butler (
2007
) y Diana Taylor
y Marcela Fuentes (
2011
)
,
contribuyeron a la
ampliación del término para abarcar un amplio
repertorio de actividades humanas (incluyendo
la producción de subjetividades de género) así
como los objetos en donde el interés se centra
en su comportamiento más allá de su “lectura”
en tanto objeto. Por ello
,
cuando se piensa en
términos de performance
,
se hace hincapié en la
singularidad y contingencia de las actuaciones
,
pero a la vez
,
de su continuada reiteración.
En el caso de la práctica fotográfica
,
es común
ver que la gente se hace imágenes continuamen-
te y en diferentes espacios
,
escenas como las de
una pareja de amantes tomándose fotos en un
centro comercial o de un grupo de amigas ha-
ciéndose imágenes frente a los espejos de un as-
censor o en un baño público se volvieron cotidia-
nas. Dirigir la cámara hacia sí mismo se ha con-
vertido en un gesto cotidiano y el encanto de ver
y verse en la pantalla justo después de obturar se
transformó en una experiencia en sí (Fontcuber-
ta
, 2010
a) y por lo tanto
,
la fotografía ha dejado de
ocupar un lugar privilegiado en la conservación
de las vivencias
,
pasando de ser un dispositivo
para la representación de la identidad
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a ocupar
un lugar central en su producción: “Fotografío
luego existo” es la reactualización que propone
Fontcuberta (p.
17
) al corolario de Descartes.
Ahora bien
,
el retrato y el autorretrato tienen
una amplia tradición en el campo de la fotogra-
fía. Ya desde los primeros años de su invención
algunos personajes dirigieron la cámara hacia sí
mismos
,
tal es el casoRobert Cornelius quienpro-
dujo el que es considerado uno de los primeros
autorretratos de la historia
,
o Hippolyte Bayard
quien en
1840
realizara
Le noyé.
Igualmente son
reconocidos los autorretratos deOscar GustavRe-
jlander y Virginia Oldoini
,
más conocida como la
Condesa de Castiglioni
,
quien es recordada por su
pasión por la fotografía materializada en una co-
lección de más de
400
autorretratos
,
en las que se
la ve posando y encarnado diversos personajes. El
autorretrato fotográficoha sido ampliamente uti-
lizado por artistas para proponer sus críticas res-
pecto al orden social
,
como por ejemplo aquellos
realizados por Claude Cahun
,
una de las primeras
artistas enutilizar este recurso para cuestionar los
roles de género y los estereotipos de belleza. Poste-
riormente y ante el posicionamiento que tendría
la fotografía en el campo del arte
,
particularmente
después de la segundamitad del siglo
xx
,
los auto-
rretratos se convertirán en una forma privilegia-
da para proponer cuestionamientos relacionados




