María José Casasbuenas Ortiz
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Maldito “feisbú”.
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también su transformación. La investigación en
estudios culturales cuestiona y se opone a los
supuestos que
,
tanto las preguntas que nos mo-
vilizan como las respuestas a las que podamos
llegar sobre cualquier práctica social
,
puedan
ser consideradas universales
,
que surgirían de
una visión privilegiada y única de la realidad
(Grossberg
, 2009
).
La vocación crítica y el carácter transdiscipli-
nar de los estudios culturales y de los estudios vi-
suales han promovido nuevos acercamientos a
los fenómenos sociales que han renovado el pen-
samiento sobre la cultura y la visualidad
,
impac-
tando en lamanera como se producen y abordan
los objetos de investigación. Las investigaciones
pioneras en estudios culturales (Hoggard
,
1958
;
Williams
, 2001
; Thompson
, 1984
) pusieron espe-
cial atención en las prácticas y formas de hacer
cotidianos
,
aspectos que hasta ese momento no
eran considerados relevantes en las reflexiones
en torno a la cultura
,
renovando las concepcio-
nes sobre ella (Williams
, 2008
) y ampliando el es-
pectro de posibles objetos y dimensiones para re-
flexionar desde una perspectiva cultural. La expe-
riencia vivida materialmente y por lo tanto
,
sen-
tida (Williams
, 2000
) ha sido uno de los aspectos
que ha movilizado las reflexiones que desde esta
perspectiva se han desarrollado.
De igual manera
,
los estudios visuales o “los
estudios sobre la producción de significado cul-
tural a través de la visualidad” (Brea
,
2005,
p.
7
)
han introducido una perspectiva novedosa en
los estudios sobre las imágenes y la cultura vi-
sual al interesarse no solo por aquellas imáge-
nes enmarcadas en la producción artística (las
cuales tradicionalmente han sido abordadas por
la historia del arte y la estética)
,
sino trabajando
en el campo expandido de la imagen y de la vi-
sualidad
,
desmarcándose de los análisis linguís-
ticos y textualistas que hasta el momento de sus
emergencia (en los años
90
) habían predomina-
do en el estudio de las imágenes (Cabrera
,
s.f.).
En este sentido
,
los estudios visuales se han con-
vertido en un “suplemento peligroso” (Mitchell
,
2003
) para otras disciplinas hegemónicas en el
estudio de las imágenes al cuestionar los presu-
puestos de la naturaleza de lo visual
,
su esencia-
lismo por ejemplo (Bal
, 2004
)
,
y al interesarse por
evidenciar las complejas relaciones de poder y
saber que se articulan en regímenes escópicos
específicos. Este enfoque parte del hecho de que
la visualidad está configurada a partir de
“actos de ver” extremadamente complejos
que resultan de la cristalización y amalga-
ma de un espeso trenzado de operadores
(textuales
,
mentales
,
imaginarios
,
senso-
riales
,
mnemónicos
,
mediáticos
,
técnicos
,
burocráticos
,
institucionales…) y un no
menos espeso trenzado de intereses de
representación en lisa: intereses de raza
,
género
,
clase
,
diferencia cultural
,
grupos
de creencias y afinidades… [por ello] su
carácter [es] necesariamente condicionado
,
construido y cultural y por lo tanto políti-
camente connotado (Brea
, 2005,
p.
9
).
Es por ello que más allá de preguntar por qué
“dicen” las imágenes –las producidas por otros
como las resultantes de la práctica investigati-
va–
,
el interés de este trabajo estuvo puesto en
reconocer lo que ellas “hacen”
,
es decir los efec-
tos que las autorrepresentaciones tienen en la




