Elkin Rubiano
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La experiencia sustituida
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considera que la fetichización de la mercancía
es una fantasmagoría que oculta las relaciones
de producción (el trabajo abstracto);
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pero como
bien lo señaló Jean Baudrillard (
2002
) el valor
de uso es también una relación social
,
es decir
,
aunque Marx no se percató de ello
,
el valor de
uso también está fetichizado
,
no hay una verdad
perdida en el valor de uso.
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Pero quizás tampoco
haya una verdad perdida en la cosa heidegge-
riana
,
pues tal vez la vasija de los griegos era
ya una mercancía (un objeto) y esa es la razón
por la cual estaba vacía en el centro
,
como ha
indicado Žižek.
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Ahora bien
,
no quiere decir lo anterior que
Benjamin no vea algunos peligros con la trans-
formación de valor en la época de la reproduc-
tibilidad técnica. Me interesa particularmente
señalar el siguiente: la sustitución de la expe-
riencia por el registro. Se recuerda solo lo que se
graba; recordar ya no significaría “volver a pasar
por el corazón” –según su etimología
re
(de nue-
vo) y
cordis
(corazón)– sino recordar aquello que
ha sido registrado (
recorded).
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Construcción y sustitución
de la experiencia
La sustitución de la experiencia por el registro es
un tema reiterado en algunos fotógrafos y teó-
ricos. Susan Sontag (
1996
)
,
por ejemplo
,
señala
que si bien la fotografía se ha convertido en una
estrategia para certificar la experiencia
,
su prác-
tica es
,
al mismo tiempo
,
una forma de negarla
(la ambivalencia benjaminiana):
(…) al limitar la experiencia a una búsqueda
de lo fotogénico
,
al convertir la experiencia
en una imagen
,
en un
souvenir
(…) la mayo-
ría de los turistas se sienten constreñidos a
poner la cámara entre ellos y cualquier cosa
notable que encuentren. Al no saber cómo
reaccionar
,
fotografían (p.
20
).
En lugar de actuar
,
contemplar; o mejor aún
,
en
lugar de contemplar
,
registrar. Esta perspectiva
es recurrente en la tradición de teóricos críticos
,
una actualización permanente de la tesis núme-
ro once de Marx (
1975
) sobre Feuerbach: “Los
filósofos no han hecho más que comprender de
diversos modos el mundo
,
pero de lo que se trata
es de transformarlo” (p.
94
). La actualización de
Sontag señala: “Los fotógrafos
,
operando dentro
de los términos de la sensibilidad surrealista
,
insinúan la vanidad de intentar siquiera com-
prender el mundo y en cambio nos proponen
que lo coleccionemos” (p.
92
). El coleccionismo
que se manifiesta en el furor de archivo foto-
gráfico. Aquí se presenta el polo catastrofista en
la relación entre técnica y experiencia: “Fren-
te a las mayores maravillas de la tierra (…) la
aplastante mayoría de la humanidad se niega a
adquirir una experiencia: prefiere que la expe-
riencia sea capturada por la máquina de fotos”
(Agamben
, 2007,
p.
10
).
Una versión del peligro señalado por Benja-
min la encontramos en el crítico de arte Robert
Hugues (
1997
)
,
quien se lamenta sobre la edu-
cación que reciben los estudiantes de arte con
respecto a la adquisición de su capital artístico:
“Nuestros estudiantes de arte condenados
,
como
pollos de granja
,
a una dieta de diapositivas” (p.
467
). Tal vez Hugues tenga razón
,
quizás la ense-
ñanza del arte ennuestros días elimina el encuen-




