Historia[s] y mediaciones estéticas
repetida
4
.
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veces durante doce años y medio
deja ver esa permanencia. Como espectador de su
trayecto
,
digo: “Ahí está Kalina”
,
independiente-
mente de la ilusión del “yo”. La obsesión de Kali-
na por el autorretrato es una obsesión extendida
y “democratizada” por la producción digital de
las imágenes. Cada quien se ha convertido en
su propio retratista y en su propio biógrafo
,
y
si “ser es ser visto”
,
nunca como antes se había
posibilitado la construcción y la escenificación
de ese “ser”.
Captar la
permanencia de lo fugitivo
es una de
las promesas de la fotografía. Cuando Krakauer
(
2008
) observa una fotografía de su abuela leja-
namente joven
,
dice:
Hace tiempo que la imagen original está
ajada (…). La joven sonríe y sigue sonriendo
siempre igual (...). Los maniquíes situados
en los salones de belleza sonríen del mismo
modo terco e incesante (…). Los maniquíes se
encuentran ahí
,
para exponer los trajes his-
tóricos e incluso la misma abuela de la foto-
grafía es un maniquí arqueológico que sirve
para presentar el traje de la época (pp.
20
-
21
).
En la fotografía
,
por un lado
,
se
re
-conoce a la
abuela situada en el pasado y
,
por el otro
,
se
tiene conciencia de ese pasado no solo por lo re-
gistrado sino también por la huella material del
registro: “Hace tiempo que la imagen original
está ajada” (Krakauer
,
pp.
20
-
21
). El testimonio
no solo está en lo fotografiado sino también en
su soporte envejecido
,
es decir
,
el testimonio se
presenta en el contenido y en el continente. En
esa fotografía de
1864
no solo está el rostro de
su abuela sino también el rastro del tiempo en
el papel fotográfico; no solo su huella material
(ajada) sino también cierta atmósfera del pa-
sado
,
la pose
,
la iluminación
,
el decorado: “De-
bido a que las fotografías son parecidas
,
esta
también lo debe haber sido. Fue producida con
cuidado en el taller de un fotógrafo cortesano”
(Krakauer
,
pp.
20
-
21
). Acaso en fotografías como
esta
,
las de la
fase primitiva
,
el aura aún está
presente para Benjamin:
El aura de estas fotografías no radica en la
presencia del fotógrafo en la fotografía del
mismo modo en que el aura de la pintura
está determinada por la presencia incon-
fundible de la mano del artista en su cua-
dro. Más bien
,
es la presencia del sujeto
,
de
lo que es fotografiado (Crimp
, 2005,
p.
41
).
El aura está presente en aquella vida vivida en el
pasado que se presenta en el registro fotográfico
y su soporte envejecido: el aura
,
en Benjamin
,
no se desliga de la autenticidad grabada en el
material:
Los análisis químicos de la pátina de un
bronce favorecerán que se fije si es autén-
tico; correspondientemente
,
la comproba-
ción de que un determinado manuscrito
medieval procede de un archivo del siglo
XV
favorecerá la fijación de su autentici-
dad (Benjamin
,
1989
a
,
p.
21
).
Desde luego
,
independientemente del aura de
las fotografías en su
fase primitiva
,
la naturaleza
misma de la fotografía pone en duda la noción
de autenticidad (“El ámbito entero de la autenti-
cidad se sustrae a la reproductibilidad técnica”
,
Benjamin
,
1989
a
,
p.
21
) y
,
por lo tanto
,
no es un




