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Historia[s] y mediaciones estéticas

repetida

4

.

514

veces durante doce años y medio

deja ver esa permanencia. Como espectador de su

trayecto

,

digo: “Ahí está Kalina”

,

independiente-

mente de la ilusión del “yo”. La obsesión de Kali-

na por el autorretrato es una obsesión extendida

y “democratizada” por la producción digital de

las imágenes. Cada quien se ha convertido en

su propio retratista y en su propio biógrafo

,

y

si “ser es ser visto”

,

nunca como antes se había

posibilitado la construcción y la escenificación

de ese “ser”.

Captar la

permanencia de lo fugitivo

es una de

las promesas de la fotografía. Cuando Krakauer

(

2008

) observa una fotografía de su abuela leja-

namente joven

,

dice:

Hace tiempo que la imagen original está

ajada (…). La joven sonríe y sigue sonriendo

siempre igual (...). Los maniquíes situados

en los salones de belleza sonríen del mismo

modo terco e incesante (…). Los maniquíes se

encuentran ahí

,

para exponer los trajes his-

tóricos e incluso la misma abuela de la foto-

grafía es un maniquí arqueológico que sirve

para presentar el traje de la época (pp.

20

-

21

).

En la fotografía

,

por un lado

,

se

re

-conoce a la

abuela situada en el pasado y

,

por el otro

,

se

tiene conciencia de ese pasado no solo por lo re-

gistrado sino también por la huella material del

registro: “Hace tiempo que la imagen original

está ajada” (Krakauer

,

pp.

20

-

21

). El testimonio

no solo está en lo fotografiado sino también en

su soporte envejecido

,

es decir

,

el testimonio se

presenta en el contenido y en el continente. En

esa fotografía de

1864

no solo está el rostro de

su abuela sino también el rastro del tiempo en

el papel fotográfico; no solo su huella material

(ajada) sino también cierta atmósfera del pa-

sado

,

la pose

,

la iluminación

,

el decorado: “De-

bido a que las fotografías son parecidas

,

esta

también lo debe haber sido. Fue producida con

cuidado en el taller de un fotógrafo cortesano”

(Krakauer

,

pp.

20

-

21

). Acaso en fotografías como

esta

,

las de la

fase primitiva

,

el aura aún está

presente para Benjamin:

El aura de estas fotografías no radica en la

presencia del fotógrafo en la fotografía del

mismo modo en que el aura de la pintura

está determinada por la presencia incon-

fundible de la mano del artista en su cua-

dro. Más bien

,

es la presencia del sujeto

,

de

lo que es fotografiado (Crimp

, 2005,

p.

41

).

El aura está presente en aquella vida vivida en el

pasado que se presenta en el registro fotográfico

y su soporte envejecido: el aura

,

en Benjamin

,

no se desliga de la autenticidad grabada en el

material:

Los análisis químicos de la pátina de un

bronce favorecerán que se fije si es autén-

tico; correspondientemente

,

la comproba-

ción de que un determinado manuscrito

medieval procede de un archivo del siglo

XV

favorecerá la fijación de su autentici-

dad (Benjamin

,

1989

a

,

p.

21

).

Desde luego

,

independientemente del aura de

las fotografías en su

fase primitiva

,

la naturaleza

misma de la fotografía pone en duda la noción

de autenticidad (“El ámbito entero de la autenti-

cidad se sustrae a la reproductibilidad técnica”

,

Benjamin

,

1989

a

,

p.

21

) y

,

por lo tanto

,

no es un