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Historia[s] y mediaciones estéticas

La lucha contra el olvido se libra

,

entonces

,

me-

diante el afán memorialista (no solo institucio-

nal: el monumento y el museo) sino mediante

la museificación y la monumentalización del

presente y de la vida cotidiana: registrar

,

catalo-

gar y archivar cualquier gesto o cualquier cosa

por insignificante que parezca (monumentalizar

,

por ejemplo

,

la efímera taza de café servida en

la mesa). Es clave

,

sin embargo

,

dignificar lo in-

significante

,

dotarlo de un aura cuya autoridad

“natural” se escenifica en el pasado

,

en la expe-

riencia

,

en el tiempo vivido testificado en una

imagen auténtica.

Si en la cultura contemporánea se dificulta la

constatación de tal autenticidad (toda pasa y se

desecha velozmente)

,

parece inevitable que “apa-

rezcan” entonces mecanismos para su construc-

ción: las imágenes que simulan el tiempo pasado

mediante dispositivos tecnológicos. Por ejemplo

,

la creciente euforia por aplicaciones fotográfi-

cas como Hipstamatic e Instragram que crean

tecnológicamente una imagen que simula el

tiempo pasado por medio de algunos efectos vi-

suales: imágenes esfumadas (especialmente en

los bordes); los contrastes de color sub o sobre-

saturados; la exageración de la profundidad de

campo; la simulación del grano de la película

,

los

rasguños y otras imperfecciones que simulan la

impresión en papel y

,

desde luego

,

su paso por el

tiempo: el deterioro

,

la imagen ajada cuyo enve-

jecimiento artificial simula la huella de la auten-

ticidad en el soporte de la imagen. Hisptamatic e

Instagrampermiten una construcción inmedia-

ta de la nostalgia (la nostalgia del presente). La

nostalgia a un clic de distancia

,

tanto en el tiem-

po como en el espacio.

Pero

,

¿hay algo de reprochable en la construc-

ción tecnológica de la nostalgia? ¿Hay algún tipo

de peligro? ¿No será tan solo un juego que repro-

chan puritanamente los catastrofistas? Y si fuera

un juego

,

¿no habría en tal práctica

,

justamente

,

una posibilidad: la de liberarse de las necesida-

des prácticas e instrumentales mediante la mo-

numentalización de lo insignificante? Si la cons-

trucción tecnológica de la nostalgia se agotara

en el juego

,

la vida cotidiana y el ocio

,

sería una

gratificante manera de capturar el mundo y una

gozosa forma de percibirlo: la visión del mundo

transfigurada juguetonamente por cientos de fil-

tros. Sin embargo

,

cuando se hace nostalgia del

dolor

,

el sufrimiento y la violencia

,

¿qué sucede?

Demasiado bello

para un mundo feo

Toda imagen fotográfica embellece el mundo

,

aun lo que pareciera no poder embellecerse. Son-

tag

,

señala: “Nadie exclama ‹¡Qué feo es eso! Ten-

go que fotografiarlo›. Aun si alguien lo dijera

,

solo

querría dar a entender: ‹Esa fealdad me parece…

bella›” (p.

97

).

13

Ahora bien

,

si “La vida es tan fea

que se ve mejor por Instagram”

,

¿es legítimo que

todo dato visual deba embellecerse o estetizarse

,

que es lo que finalmente se busca mediante la

construcción tecnológica de la nostalgia? Aquí

resulta difícil dejar de lado una reflexión de

Theodor Adorno (

1983

)

,

quien considera que el

embellecimiento de lo feo integra al mundo pre-

cisamente aquello que debería denunciar. En ese

sentido la estética de la fealdad tendría la función

de denunciar la fealdad del mundo y las condi-

ciones que hicieron posible su existencia. Dice: