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Paula Andrea Acosta

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Lo irrepetible y lo reiterado

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corporeidad e identidad. En esta experiencia fil-

trada por el cristal

,

el cuerpo construye renova-

das experiencias situadas en el desplazamiento

espacio-simbólico de la digitalización.

Lo que caracteriza al cristal –y con ello al

cuerpo que transparenta y refleja– es su fal-

ta de densidad

,

su materia traspasable (…) su

casi inexistencia (…). En esta superficie fan-

tasmal el cuerpo actuaría como una imagen

más entre las múltiples imágenes-frag-

mento de seducción

en superficie

con que se

elabora y ofrece la economía –y su lado más

sombrío

,

la conversión del sujeto en cosa

pública–

al que aludía Guy Debord en

La

sociedad del espectáculo

(p.

284

).

El cuerpo virtual de la tecnología abandona in-

cluso su imagen para radicar la apariencia por

encima de toda experiencia

,

exacerbando una

pérdida de estructuración en términos identita-

rios en lo que Solans relaciona con el concepto

benjaminiano de

hombre privado

; “sujeto que

,

constituido en su interior

,

no se extiende más

allá de sus intereses personales

,

en un debate

entre el mundo exterior y su conciencia ego-

céntrica

,

instaurando esa fragmentación del

sujeto y del lenguaje moderno” (p.

286

)

,

que

corresponde coherentemente con cierta difi-

cultad para la organización en los contenidos

,

imágenes y experiencias de este cuerpo virtual.

Así

,

la pérdida del sentido del sujeto se eviden-

cia en producciones fragmentarias

,

aleatorias

,

que permean no solo la práctica cotidiana

,

sino

las construcciones y propuestas artísticas en la

posmodernidad. De esta forma se constituye

,

siguiendo a la autora

,

el

esquizo

como un orden

de lamirada descentrada y plural que confronta

el lugar de armonía y unidad que regía tanto

el cuerpo como el pensamiento desde la visión

clásica

,

evidenciando cómo los lugares de lo vir-

tual terminan por confrontar y cuestionar los

umbrales entre orden y sujeto

,

y su implicación

en lo considerado real.

Sin embargo

,

la virtualización del cuerpo

mediante la fotografía es tan solo una parte del

devenir-máquina

,

que convive con dos condicio-

nes que la preceden: el sujeto que fotografía y

quienes somos frente a una posible fotografía

,

dos posiciones de relación con el objeto maqui-

nal. La presencia del cuerpo en el ámbito de la

representación

,

pertenece a una continuidad del

régimen estético de las artes que fundamentó las

bases de los estudios corporales y el género del

retrato en la pintura

,

por ejemplo

,

que fueron

exacerbados por las posibilidades de lo fotográ-

fico y la creencia popular de un caráctermiméti-

co y objetivo reinante

,

posibilitado por el medio

a través de la acción de la mecanización sobre la

realidad. Pero tal vez

,

inherente a ese afán por

dejar huella y testimonio de un cuerpo expues-

to al paso del tiempo

,

son más que evidentes las

apuestas de un mercado y los mecanismos de

control social intrínsecos al medio

,

los que han

movilizado históricamente el interés del indivi-

duo en torno al género del retrato.

Cuerpo y fotografía

,

en tanto que procesos

de producción textual

,

constituyen comple-

jas elaboraciones discursivas que actúan

no como meras presencias significantes

,

despojadas de significados

,

sino como re-

presentaciones codificadas –a la par que

codificadoras– dotadas de un plural carácter